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Manuela de Paz
Delegada de Innovación, Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía en Huelva.
Ayer sueño, hoy realidad, mañana excelencia
3 de marzo, felicidades comunidad universitaria, enhorabuena Huelva. Felicidades a cada una de las personas que formamos esta magnífica comunidad que llamamos provincia de Huelva, que llamamos Andalucía. En el sueño de ser como las mejores regiones de Europa se nos olvida lo que hemos tenido que correr, sufrir, luchar para llegar a donde estamos. Recuerdo mis primeros años universitarios en Huelva; entonces, “¡ni a soñar que nos echáramos!” pensábamos en tener una Universidad; el Colegio Universitario de la Rábida era un reto recién conseguido y sin estabilidad futura. Hoy, sin embargo, no entenderíamos Huelva sin su Universidad. Entonces hablábamos del subdesarrollo andaluz, de superar las actitudes predemocráticas, de salir del agujero del caciquismo, de la fatalidad como filosofía de vida para una gran parte de la población, hablábamos y escribíamos sobre la “Andalucía marginada”. Pero se abrió una ventana y entró el aire y la luz, y comenzamos a levantarnos, y reivindicamos y conseguimos una autonomía plena. Con ello comenzó el gran reto: había que construir una nueva realidad. No sería fácil, no nos lo iban a poner fácil; pero lo hicimos, sin levantar la voz ni las armas, con la paciencia de un pueblo milenario que sabe muy en el fondo quién es (lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos). La Universidad es un ejemplo de este proceso y por eso nos felicitamos hoy. Fue un sueño de unos pocos en esos primeros años de democracia, un sueño que fue tomando fuerza con el “subidón” de autoestima que supuso conseguir la autonomía plena en contra de tantos poderes fácticos, en contra incluso del gobierno nacional, entonces de la UCD, y de la derecha española (Alianza Popular, hoy Partido Popular). Fue una reivindicación de todo el pueblo onubense aquel magnífico 3 de marzo de 1988, fue un gobierno autonómico que supo leer la ilusión, esperanza y necesidad de un pueblo y dotó a Huelva de su Universidad. Pero volvía el gran reto: había que pasar de las palabras a los hechos, había que construir la Universidad. Fueron años duros, los recuerdo muy bien, parecía como si la sociedad se hubiera retraído una vez conseguida su universidad y no fuera consciente que lo importante comenzaba justo después: el esfuerzo duro de poner en marcha, fuera de focos, esta realidad (nada se hace en un día, las cosas importantes no se hacen ni siquiera en años). Pero un grupo de personas siguieron peleando y sufriendo con o sin apoyo. Recuerdo la campaña ignominiosa en la prensa local de entonces sin ningún motivo confesable, recuerdo los recelos de tanto poder fáctico que veía peligrar su posición (provincianismo y falta de perspectivas y de generosidad); la dificultad para arrancar al alcalde (el mismo que hoy se le llena la boca con “su” universidad); las hectáreas necesarias para construir la ampliación del Campus de El Carmen (no creía en el proyecto, prefería convertir los terrenos en viviendas, al menos la fachada a la Avenida de Andalucía, como si eso fuera un mejor escaparate para Huelva que su flamante Universidad). Hoy nos felicitamos porque sí se consiguió, sí pudimos. Hoy la Universidad es un referente, es un motor de desarrollo, ha significado miles de puestos de trabajo, decenas, cientos de miles de estudiantes bien formados que han incrementado la productividad de nuestras empresas, que han creado empresas y puestos de trabajo. Que han cambiado la fatalidad por ilusión y esperanza. Ha significado un revulsivo en la forma de pensar, en la universalidad, está convirtiedo Huelva en una ciudad cosmopolita, donde la cultura y la crítica acampan en el espíritu democrático y de libertad que casi no nos atrevíamos ni a soñar. Ha convertido a la provincia de Huelva en un espacio del conocimiento (sapere aude: atrévete a saber, que reza nuestro lema universitario), donde la investigación no es ya signo de gente rara casi inexistente que miramos con recelo. Más de 100 grupos de investigación, más de 1.000 investigadores formados, apoyados y fomentados desde la Universidad de Huelva. Una universidad pública financiada y apoyada mayoritariamente por el Gobierno andaluz, con recursos también del gobierno nacional y de la UE; es decir, con el esfuerzo de todos los andaluces y sus impuestos. Ha merecido la pena tanto esfuerzo, estamos de enhorabuena. Pero no nos podemos quedar en la complacencia. Queremos más. Es hora de volver a soñar, soñamos que nuestra universidad sea el motor del cambio tecnológico que necesitamos para afrontar con garantías los nuevos retos del siglo XXI: la rentabilidad de nuestra industria para competir en el mundo globalizado, el cambio de modelo productivo, los retos medioambientales dentro del desarrollo sostenible que todos queremos, la respuesta también a las nuevas oportunidades que se nos abren una vez que comenzamos a superar esta gran crisis económica internacional y local. El apoyo del Gobierno andaluz, estoy en condiciones de decir, no va a faltar como no ha faltado en todo este tiempo; los nuevos instrumentos para conseguirlo están ya en marcha: financiación suficiente para conseguir una docencia de calidad y excelencia en el nuevo espacio europeo de educación superior, financiación suficiente para que la investigación básica, y también la aplicada, pueda seguir progresando y consiga dar esos frutos que todos anhelamos; apoyo a la transferencia tecnológica, nuevos centros de investigación, centros tecnológicos que hagan más fácil la relación universidad (profesionales e investigadores) y empresa (con sus necesidades de resolución de problemas tecnológicos complejos y nuevas ideas que poner en práctica). Y, por último por ahora, el Parque Científico Tecnológico de Huelva (PCTH) preparado ya para acoger empresas tecnológicas de máximo nivel, donde la universidad es y será un gran bastión, donde convivan cotidianamente investigadores, tecnólogos, empresarios y emprendedores, donde convertir el conocimiento en innovación, en riqueza para todos, una tecnópolis de última generación que sea un revulsivo para el sector productivo de la provincia y el resto de Andalucía, de Europa y el mundo en un futuro. No son años de especuladores, sino de empresarios productivos que creen riqueza sostenible, que opten por la calidad y la excelencia, por la innovación, por la responsabilidad social. En resumen, la Universidad de Huelva ayer fue un sueño, hoy es una realidad, mañana una de las universidades europeas de prestigio, un motor del cambio tecnológico que necesitamos para destacar a nivel internacional en aquellos sectores en los que nos especialicemos: por nuestra alta tecnología, por nuestro sistema social y democrático con igualdad de oportunidad; en definitiva, por nuestra calidad de vida.
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